"Me ducho cada mañana, uso desodorante clínico, llevo ropa limpia… y a las tres horas, siento que mis axilas ya huelen mal".
Esta frase, repetida por miles de personas cada día, revela un problema mucho más común de lo que imaginamos. Y también mucho más frustrante.
Porque cuando el olor corporal persiste a pesar de una higiene estricta, la autoestima se desploma. Empiezas a evitar ciertos movimientos, ropa ajustada, reuniones sociales, acercarte a otras personas.
Hasta que un día, sin querer, te acostumbras a vivir limitado por tu olor.
Pero … ¿y si el problema no estuviera en tu piel, sino dentro de tu cuerpo?